lunes, 17 de marzo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
Una escena urbana.
El tren de la ex línea Roca llega a la estación Constitución con miles de pasajeros. Quizás es difícil saber de dónde vienen o a hacía dónde se dirigen, pero a estas horas de la madrugada es fácil arriesgar una respuesta sin equivocarse. Son pasadas las cinco y media de la mañana, y casi todos los viajeros van a sus trabajos. Algunos bajan rápidamente para no retrasarse, pero hay otros que van con menos prisa. Esos que aún tienen unos minutos suelen hacerse un tiempo para desayunar.
Sobre la plaza Constitución se encuentra uno de los puestos de café y facturas más concurridos. Alrededor de las cinco de la madrugada llega Marcelo Galeano, de unos 40 años, vestido con una camisa blanca y abre el puesto. Recibe al repartidor de la panificadora y prepara una olla enorme de café y con varios termos traslada el contenido a un recipiente más grande que conserva el calor, desde el cual, luego, servirá al público.
Desde temprano circulan algunos ciudadanos por la zona, pero Marcelo sabe que el negocio arranca recién con los primeros trenes de las seis. Treinta años como cafetero, en la estación de tren, le dieron la experiencia para conocer el negocio del café. Galeano chequea tener una buena cantidad de monedas en su bolsillo, termina de acomodar las facturas en la mesa, se ponen en guardia y le hace frente a las decenas de personas hambrientas.
El color brillante de las medialunas y el aroma a café son tan fuertes que logran acaparar el olfato y la vista de los peatones. Asombra que entre la estación de tren y la plaza de Constitución abundan alternativas gastronómicas, pero ninguna logra ser tan exitosa como el puesto de Marcelo, que se encuentra junto a la parada del 65. Las razones de su fama pueden ser variadas desde la simpatía del vendedor, la buena ubicación o hasta los precios accesibles. Por cuatro pesos con cincuenta se puede tomar un café acompañado por dos facturas. Pero no son sólo medialunas. Hay de todo, aunque las de dulce de leche se acaban rápido.
Marcelo es padre de cinco hijos y la necesidad por mantener a su familia lo llevo en busca de pan y trabajo. Pero el oficio de cafetero lo lleva en su sangre, porque su abuelo también lo fue. La gran destreza y gentileza de Galeano para atender el pedido de las personas es admirable. Los clientes agradecen y se acomodan parados junto con los otros consumidores. Algunos tienen mucha prisa y salen rápido con café en mano, un poco quemándose al tratar de beberlo para no volcar, pero otros se quedan a disfrutar más calmos el café.
Para las diez de la mañana las facturas ya se van terminando y el café cae a gotas. Al medio día, Marcelo ha terminado su trabajo en la plaza. Se va a reanudar su vida, quién sabe adónde, para volver mañana a la madrugada a repetir el ritual.
viernes, 7 de febrero de 2014
RECETA PARA ENCONTRAR SOLUCIONES
Encontrar soluciones se parece bastante a cocinar: hay que contar con
los ingredientes adecuados en el tiempo y orden correctos. En este
caso, les brindaré aquí la receta para uno o pocos problemas. Cada
lector es bienvenido a crear una receta para múltiples de ellos.
En este caso, los ingredientes que necesitaremos son:
- Problema (preferentemente 1 solo)
- Consejos de allegados (6 aproximadamente)
- Tiempo para reflexionar (no menos de siete días)
- Punto de vista general sobre el problema (1)
- Lágrimas (60 centímetros cúbicos aproximadamente)
- Epifanía (1)
- Metáforas, metonimias, y figuras retóricas surtidas (a gusto)
1) Se pela y se lava el problema para que quede visible y evidente. Este procedimiento requiere un manual especial que excede los propósitos de éste, pero puede adquirirse editado por esta misma editorial.
2) Se condimenta consejos de allegados. Se aconseja de varias calidades: desde simples conocidos, hasta gente amada, desde comentarios esperanzadores, hasta negativos. Hay que tener cuidado con el exceso, porque los consejos son como la sal.
3) Se pone en remojo en un tiempo de reflexión no menor a tres días. Los estímulos obtenidos incluido el del problema original son muchos, y tenemos que dar tiempo a que se acomoden los sabores, y se formen las texturas. El tiempo de reflexión le otorgará las profundidades reales al problema, o mejor dicho, las revelará.
4) Con los estímulos calmos y las profundidades reveladas, pasaremos a un último reposo del problema antes de la cocción, a través una mirada general o en perspectiva. “Siempre hay alguien peor que yo” y “Estuve igual de mal y lo superé” pueden revolotear y posarse en el problema. No los ahuyente, los dejaremos ahí.
5) En este paso, cocinaremos con el alma al máximo por varias horas y lloraremos unos 60 centímetros cúbicos de lágrimas, permitiendo que salga del problema todo lo que ya esté en condiciones de salir, y nos quedaremos con el jugoso y vulnerable núcleo.
6) Este es un de los pasos más complicados porque requiere de fuerza de voluntad. Es como sacar una torta del horno que se puede desinflar y venir abajo si no hicimos todo con cuidado: es momento de moldear el núcleo en modo de epifanía, de entender que estamos mejor y reírnos entre las últimas lágrimas de nuestras actitudes recientes. Se acepta compartir con alguien.
7) Por último, añada figuras retóricas a gusto para ornamentar y acentuar el efecto epifánico, y una hojita de laurel para el aroma.
¡Felicitaciones! ¡Encontramos una solución! Me despido deseando que no necesite la receta con mucha frecuencia, y recuerde que una pequeña dosis de problemas de vez en cuando hace bien.
En este caso, los ingredientes que necesitaremos son:
- Problema (preferentemente 1 solo)
- Consejos de allegados (6 aproximadamente)
- Tiempo para reflexionar (no menos de siete días)
- Punto de vista general sobre el problema (1)
- Lágrimas (60 centímetros cúbicos aproximadamente)
- Epifanía (1)
- Metáforas, metonimias, y figuras retóricas surtidas (a gusto)
1) Se pela y se lava el problema para que quede visible y evidente. Este procedimiento requiere un manual especial que excede los propósitos de éste, pero puede adquirirse editado por esta misma editorial.
2) Se condimenta consejos de allegados. Se aconseja de varias calidades: desde simples conocidos, hasta gente amada, desde comentarios esperanzadores, hasta negativos. Hay que tener cuidado con el exceso, porque los consejos son como la sal.
3) Se pone en remojo en un tiempo de reflexión no menor a tres días. Los estímulos obtenidos incluido el del problema original son muchos, y tenemos que dar tiempo a que se acomoden los sabores, y se formen las texturas. El tiempo de reflexión le otorgará las profundidades reales al problema, o mejor dicho, las revelará.
4) Con los estímulos calmos y las profundidades reveladas, pasaremos a un último reposo del problema antes de la cocción, a través una mirada general o en perspectiva. “Siempre hay alguien peor que yo” y “Estuve igual de mal y lo superé” pueden revolotear y posarse en el problema. No los ahuyente, los dejaremos ahí.
5) En este paso, cocinaremos con el alma al máximo por varias horas y lloraremos unos 60 centímetros cúbicos de lágrimas, permitiendo que salga del problema todo lo que ya esté en condiciones de salir, y nos quedaremos con el jugoso y vulnerable núcleo.
6) Este es un de los pasos más complicados porque requiere de fuerza de voluntad. Es como sacar una torta del horno que se puede desinflar y venir abajo si no hicimos todo con cuidado: es momento de moldear el núcleo en modo de epifanía, de entender que estamos mejor y reírnos entre las últimas lágrimas de nuestras actitudes recientes. Se acepta compartir con alguien.
7) Por último, añada figuras retóricas a gusto para ornamentar y acentuar el efecto epifánico, y una hojita de laurel para el aroma.
¡Felicitaciones! ¡Encontramos una solución! Me despido deseando que no necesite la receta con mucha frecuencia, y recuerde que una pequeña dosis de problemas de vez en cuando hace bien.
viernes, 7 de junio de 2013
Cantante Peluquero de Racing Club
Producción: Mauro Albornoz, Mara Perrone, Georgina Cutrone, Ros, Elizabeth, Andrea Zito.
El emblema del terror
Enmudeció la libertad. Dirigió un país con odio. Decidió
sobre la vida y la muerte sin miedo. Fue la voz de una época en donde las
calles rimaban con represión y cuerpos rebeldes a asesinatos. Castigó la osadía
y cultivó el desprecio por el pensamiento. Brindó con el demonio para que sepa
que, en la tierra, hay hombres sin escrúpulos capaces de asesinar. Jorge Rafael
Videla fue el dictador de la última dictadura militar argentina.
Nació el 2 de agosto de 1925 en el pueblo de Mercedes, en la Provincia de Buenos
Aires. Durante su infancia tuvo una familia conservadora y un padre
militar. Heredó una profunda inclinación
por la iglesia y la religión. Sus compañeros definieron a Videla como un niño
tímido, retraído y muy aplicado. Cuando
tenía apenas dieciséis entró en el Colegio Militar de la Nación. Dicen que a Videla lo
llamaban “el boludo del cuartel” ante el General Jorge Carcagno, Jefe del
Ejército en aquel entonces. Creció respirando el lenguaje y la iconografía
militar. Se fogueó en el mismo cuartel que también formó a los represores
Roberto Viola y Carlos Guillermo Suárez Mason. En1975, Videla fue designado
comandante en jefe del Ejército.
El 24 de marzo de 1976 Videla asumió como Presidente de
facto. Con Biblia en mano y fusil en hombro inició el oscuro Proceso de
Reorganización Nacional. Llevó la muerte
y la guerra a cada rincón de la Argentina. Acompañado por Emilio Eduardo Massera de la Armada y Orlando Agosti de la Fuerza Aérea
derrocaron a la debilitada presidenta María Estela Martínez de Perón. Las
Fuerzas Armadas se adueñaron del Gobierno e instalaron un plan para asesinar a
estudiantes, militantes, gremialistas y
a todas aquellas personas que fueran necesarias para implantar el Terrorismo de
Estado. Se montaron centros clandestinos
de detención, tortura y exterminio y hacían desaparecer los cuerpos de las
víctimas. Vocablos como horror,
brutalidad, perversión tuvieron que resignificarse para definir y abarcar tanto
desprecio por la vida humana.
Fue un mentiroso, que rezando en todas las iglesias,
instauró el terror en la
Argentina. Aseguró que la dictadura que gobernaba iba a
proteger las instituciones y a honrarlas. Mintió porque sabía que sus
decisiones iban a destruirlas. Borró de un escopetazo las leyes nacionales y
mancilló sin vergüenza las páginas de la Constitución. Tal
vez el cinismo es una de las características más propias de su personalidad.
Creyó ser éticamente mejor que aquellas personas a las que mando a
asesinar. Fue un hombre deshonesto que
se mostraba como un devoto y como un soldado estricto, pero sosegado, de pocas
palabras, terminante.
Videla medía un metro ochenta. Su mirada inalterable se escondía detrás de
sus ojos grandes oscuros. Ese rostro carente de inflexiones ocultaba a un
hombre que bañó a un país con la sangre de inocentes. Puso su diminuta boca
contra el viento y aspiró vidas. Su pelo engominado evidenciaba sus ideales
retrógrados disfrazados en promesas modernas.
Pero Videla, cual lobo disfrazado de cordero, siempre forjó esa imagen
de austero y religioso. Fue de esos
católicos que comulgaban con cinismo después de asesinar.
Pero tanto el plan económico como la dictadura militar
implantada por Videla llegó a su fin en 1983. Tras la recuperación de la
democracia, fue juzgado y condenado a prisión perpetua por numerosos crímenes
de lesa humanidad. El 5 de julio de 2012, fue condenado a 50 años en prisión en
cárcel común por ser responsable del secuestro sistemático de bebes. Sin
embargo, en ningún juicio contó dónde estaban los desaparecidos, según datos de
la UNESCO aún
hay más de treinta mil. Ni en el epílogo de su vida se observó un atisbo de
pretender mitigar el dolor que provocó, por el contrario, reivindicó sus
crímenes y los avaló con su silencio permanente.
El 17 de mayo del 2013 Videla murió en la cárcel de Marco
Paz. Vivió y
murió sin arrepentimiento. Selló un pacto de sangre con sus labios y se llevó a
la muerte muchos secretos. El escritor Rodolfo Walsh quien fue perseguido
y desaparecido durante la dictadura
militar, dijo que “el verdadero cementerio es la memoria”. Sin duda, Jorge
Rafael Videla quedará en el recuerdo de los argentinos como un criminal y como
un símbolo del terrorismo. Nunca tendrá ni olvido ni perdón.
domingo, 5 de mayo de 2013
Pero si es una nenaaaaa
Hace bastante que no escribo nada en el blog, pero hoy que tengo un tiempo libre me pareció bueno escribir sobre algo que vi en la tele. En un programa debatían sobre si era apropiado el skecth de Guillermo Francella con Julieta Prandi. Que si fomenta la pedofilia, que si censuran o no, que si es violencia de género o no. En este caso, me parece que está bueno hacer varias aclaraciones. Vamos por partes diría Jack.
Por otro lado, es importante destacar la mala utilización de la palabra pedofilia asociada a la relación de Don Arturo y la "Nena". El sketch presenta claramente una conducta no ética como si fuera algo canchero, pero esa conducta no es la pedofilia, sino el estupro. No hay pedofilia, porque "la nena" excede la edad en cuestión:
- Cuando un mayor de 18 tiene relaciones con alguien menor de 13 años (con o sin su consentimiento es Abuso sexual infantil)
- Cunado un mayor de 18 tiene relaciones con alguien entre 13 y 16, si es sin consentimiento es violación, con consentimiento es estupro (sigue siendo delito)
- Cuando un mayor de 18 manipula a alguien entre 16-18 para tener relaciones sexuales.
En el Sketch en cuestión la nena también lo provoca a "Don Arturo". Ojo, no estoy justificando a Don Arturo, estoy tratando de que se utilicen las palabras adecuadas. El delito con el que se roza es la corrupción de menores entonces porque la nena tiene 17 con lo cual excede a los dos anteriores. Ahora bien, por más provocación que busque "la Nena", el adulto es responsable y está perfectamente capacitado para no dejarse provocar. En ese sentido creo que el Sketch si puede ser que promueva una conducta inadecuada, porque Don Arturo siempre está al límite de que pase algo más. De todos modos, no justifica la censura. Párrafo aparte se lleva la abogada que representa a la ONG que hizo la denuncia. Basta escucharla a ella y a sus justificaciones para oponerse al pedido de censura.
Asimismo, creo que el principal problema del sketch es la cosificación de la mujer. Pero esto no es en este programa, sino en todos. Y no es de ahora es de siempre. La relación que se promueve entre "Don Arturo" y "Juli" es claramente asimétrica, y hay un factor de poder del adulto/hombre. Estos son pensamientos que no comparto y que no deberían estar ni en la televisión ni en la sociedad. No creo que la solución sea prohibirlo. Prohibir un mensaje tan arraigado sería un error político. Generaría más rechazo del que ya existe a los intentos por transformar estas cuestiones. ¡Cuántas cosas deberíamos prohibir entonces! Volaría Casados con Hijos, Los Simpson, el Chavo, Tom y Jerry. La violencia atraviesa a nuestra sociedad y por eso los discursos que producen y hacen circular los medios no están exentos de ella. Sí creo que parte del proceso de la solución es dar la "batalla" cultural o simbólica. Es decir, dar estas discusiones. Hacer estas advertencias, celebrar estos debates, principalmente debatirlo. Creo que si bien no es muy positivo el sketch hay peores cosas en la televisión que juzgar que no son visibilizadas. Nadie sale a criticar los informes que hacen de las villas y los pibes destruidos por el paco generando un imaginario de villa=delito. La verdad que me resulta irrelevante la cuestión del sketch pero me pareció sumamente interesante y destacable que se haya dado un debate de este tipo en la televisión argentina.
miércoles, 27 de febrero de 2013
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